Contemplo tu
rostro,
bandera agitada,
te arrasa un
volcán de dolor.
Sobre ese mar
roto de sismos,
tus pequeñas
estrellas procrean
gigantes de
amor.
Carne y piedra
vestida de brazos,
odisea entre
escombros,
levantando
latidos al sol.
Escucho el
silencio que canta
y en su letanía
reposa
un mantra de
lluvia,
sonido de amor.
Doblete de
manos,
de pala y
ladrido
levantando
puentes,
moviendo
montañas
de
resurrección.
Bandera de
mujer azotada,
tu piel respira
añoranza de
amor.
Tatuadas en ti
quedan
historias de
sangre y luz:
aquella sonrisa
inocente,
en ventanas de
vida
resistiendo una
cruz.
Demasiada
avalancha
de fuera, de
dentro…
¿hasta cuándo
el horror?
Que al fin en
tu playa amanezca,
un sol que
anteponga
a la infame
noche
el parto
fecundo
de un país
mejor.





